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Diálogo con Mónica Otavianelli, primera presidenta del COPROCIER

La historia del Colegio de Profesionales de Ciencias Informáticas de Entre Ríos (COPROCIER), que comenzó por la década de los años 80, se sustenta en la dedicación y el compromiso de un puñado de personas, entrañables colegas, que vislumbraron tempranamente la necesidad de contar con una entidad que nucleara al sector. Mónica Otavianelli, hoy jubilada y alejada del ejercicio de la informática, fue sin duda una de ellas. 

Primera presidenta del Colegio, estuvo en la etapa inicial de este recorrido, los años de la organización y promoción del proyecto que lograron convertir en Ley 9498 en el año 2003, que creó el COPROCIER y reguló el ejercicio de la profesión. "Queríamos defender nuestro trabajo, la tarea de quienes estábamos ejerciendo con conocimiento habiéndolos adquirido de distinta manera, porque no todos habían podido acceder en esa época a una carrera universitaria. Nuestra idea era que se pudiera profesionalizar el área informática y reglamentarla", recuerda hoy. 


Mónica Otavianelli fue la primera presidenta del COPROCIER tras la sanción de la Ley 9498. Estuvo al frente del directorio entre agosto y octubre de 2003, un breve período institucional, precisamente porque a poco de crearse el Colegio, tuvo el acierto de convocar a elecciones, para normalizar la entidad recién nacida tal como lo establecía el estatuto en cuya redacción participó.

 

En verdad, el trabajo de Otavianelli en torno a nuestro Colegio comenzó mucho antes, promediando la década del 80, cuando se comenzaron a dar los primeros pasos –los más difíciles- detrás de un objetivo colectivo: crear una entidad que defendiera el trabajo de los informáticos y profesionalizara la disciplina.

 

Esa tarea organizativa llevó años y mucha dedicación. Reuniones, encuentros, viajes que se sucedieron hasta conformar en 1987 la que fue la primera entidad en la provincia, el COPIER, más tarde –y a partir de la sanción de la Ley- el COPROCIER, que tuvo a Mónica Otavianelli como primera presidenta.  En gestiones siguientes fue vicepresidenta e integró los órganos de fiscalización. "Sigo vinculada al Colegio en el sentido de que colaboro en lo que pueda y sigo siendo asociada, pero ya estoy alejada de la profesión", dice en esta entrevista.

 

-¿Cuando comenzaste a trabajar en esta disciplina, la informática era algo muy nuevo aquí en Entre Ríos?

 

-Sí. Yo estudié en La Plata, la carrera se llamaba Calculista Científico y realmente éramos pocos. Esa carrera fue la segunda en el país, después de la de Buenos Aires, donde se llamaba Computador Científico. En Buenos Aires creo que se crea en el año 66 y en el 69 en La Plata. Y yo entré a la Facultad en el 71. Durante un tiempo me alejé por razones familiares y retomé en el año 80 al 85, cuando actualicé la carrera y me recibí. A partir de ahí me vine a Paraná. Pero en esa época éramos muy pocos los que teníamos título vinculado a la profesión, había muchos idóneos trabajando en diferentes lugares, en el Banco de Entre Ríos, en el área de Cómputos y demás.

 

-¿Y con ellos surgió la iniciativa de conformar una entidad que los nucleara?

 

-Claro. En las primeras comisiones que se formaron cuando se inicia el Colegio, en el año 1987, había una buena cuota de idóneos que trabajaban en la provincia y que tenían años de antigüedad y muchos conocimientos adquiridos. Había sí algunos recibidos, por ejemplo Susana Rivas que luego fue presidenta del COPROCIER, pero la gran mayoría no eran recibidos de una carrera universitaria o terciaria. Años después se crea aquí el Instituto de Informática. Muchos de nuestros colegas que integraron el colegio y hoy siguen vinculados y trabajando se formaron y se recibieron en ese instituto.

 

-En esas primeras reuniones, ¿qué objetivos se proponían al idear una organización de este tipo?

 

-El objetivo era defender nuestro trabajo, la profesionalidad del trabajo, de quienes estábamos ejerciendo con conocimiento, habiéndolos adquiridos de distintas maneras. En esa época no todos habían podido acceder a una carrera, pero había gente que tenía saberes, que había adquirido un conocimiento en informática. No había tanta gente con título universitario; algunos habían hechos cursos, se formaban de manera particular. Pero nuestra idea era que se pudiera profesionalizar el área, la carrera y reglamentarla, porque vos veías de todo, el que sabía y trabajaba con profesionalismo y responsabilidad, y otros que no. Entonces el objetivo era defender al que realmente había hecho una carrera, en su momento por antigüedad en el trabajo y demás, o el que había estudiado. Una gran cantidad de gente había aprendido el oficio y trabajaba desde hacía años.

 

En 1987 aquello que había surgido como idea y necesidad se plasmó en la creación de lo que entonces se llamó COPIER. Pero el trabajo continuó hasta lograr la sanción de la Ley provincial, un paso fundamental y constitutivo del Colegio de Profesionales de las Ciencias Informáticas de Entre Ríos. Y la tarea continúa hoy, con nuevos y antiguos integrantes, apostando a la consolidación y crecimiento del Colegio y de la profesión. En ese sentido, Otavianelli considera que buena parte de los objetivos que se pusieron quienes dieron nacimiento a esta historia se han ido cumpliendo.

 

-¿Como ves ahora el colegio?

 

-Acabo de conocer la nueva sede, que es un lugar tan amplio y lindo… Estuvimos antes en locales muy chiquitos, algunos eran solo una oficina y un baño. Con el tiempo se fue creciendo, pero las primeras reuniones de comisiones se hacían en casas particulares, porque no había un lugar para funcionar ni un presupuesto para mantenerlo. Tuvimos una casa en calle Salta que era bastante grande, pero no como este espacio nuevo, era una casa antigua. Desde entonces se ha ido creciendo y es una alegría verlo. Yo estoy ahora completamente apartada de la profesión, desde que me jubilé en 2010. Trabajaba en la provincia en el Instituto de Informática, en la Facultad de Ciencias Agropecuarias, también en el área informática. Ahora hago otras cosas, me dedico a pintar a hacer manualidades y otras actividades que siempre me gustaron y podía hacer sólo en los ratos libres.

 


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