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Susana Rivas: Al Colegio lo hicimos entre todos, con mucho compromiso y buena voluntad

Susana Rivas, actualmente jubilada, integró el grupo fundacional del Colegio de Profesionales de Ciencias Informáticas de Entre Ríos y fue presidenta de COPROCIER de 2003 a 2006. Cuando promediaba la década del 80 se sumó a quienes desde el antiguo Banco de Entre Ríos (BER) y la Dirección de Cómputos de la Provincia tuvieron la inquietud de trabajar en la creación de una entidad que nucleara al sector. Como docente del ISIPER primero y de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UADER después, fue formadora de muchos de los informáticos hoy matriculados e incluso actuales directivos de COPROCIER. 

Su propia casa fue uno de los primeros ámbitos de funcionamiento de la naciente organización, cuando no había sede ni presupuesto para viajes. Desde allí se trabajó en el proyecto de ley que finalmente se aprobó en la Legislatura. Y también se organizaron los viajes y contactos con otros departamentos, para extender el Colegio a toda la provincia. "Todos le pusimos trabajo y buena voluntad", recuerda.

Susana Rivas dice traer "toda una historia de gremialista y de compromiso con lo colectivo" a partir del ejemplo de su padre, quien durante años estuvo como dirigente de la Federación Médica de Entre Ríos. De allí que, en el año 1986, respondiera activamente a la invitación que surgió entonces de la Dirección de Cómputos de la provincia y del Banco de Entre Ríos. En los dos espacios había trabajadores de la informática, que se habían capacitado de diferentes maneras y llevaban años de oficio, con la iniciativa de conformar un ámbito que los aglutinara.

 

-¿Cuándo comenzaste a involucrarte en la creación de lo que es hoy el COPROCIER?

-En el año 86 yo trabajaba en la Dirección de Cómputos de la Provincia, cuyo director era Alejandro Carbó. Él era un poco el nexo entre el Banco de Entre Ríos (porque venía de trabajar en la parte informática) y la Dirección de Cómputos. Es ahí, en el Banco, donde se armó el grupo que empezó con la idea de organizar un colegio o una asociación de profesionales de informática. Nos invitó y nos sumamos. Empezamos a juntarnos los dos grupos, a hacer un estatuto, porque todavía no había ley, de lo que fue el COPIER. La característica que yo tenía dentro de todos ellos es que yo era profesional, no la primera, porque había en Paraná otras dos personas que tenían el mismo título, computadores científicos, pero no estaban trabajando en la parte pública. En el ámbito público fui la primera profesional informática que empezó a trabajar. En la misma época Mónica Otavianelli, que luego fue presidenta de COPROCIER, también tenía título de la Universidad de la Plata. No había muchos profesionales, pero había trabajadores de la informática, gente idónea que había empezado a trabajar en las áreas informáticas mucho tiempo antes, sin tener un título profesional. Las empresas les daban un curso, una capacitación y después pasaron a trabajar en la Dirección de Cómputos por ejemplo. Los viejos directores de Cómputos, como Álvaro Piérola, habían sido capacitados de esa forma y así un montón de gente.  Algunos no tenían título, pero llevaban tiempo trabajando.

                                                

-¿Qué objetivos se fijaron entonces?

-Empezamos con la idea de formar un grupo, una asociación que nos guiara, que fuera dando pautas, que permitiera hacernos conocer en la sociedad y también para la defensa de nuestros propios intereses. Cuando una profesión es nueva, desconocida, nadie sabe lo que hacés, para qué servís, cuándo te tienen que llamar o si llaman a un sobrino que sabe usar una computadora. Esta situación se agravó con el advenimiento de la PC. Cuando yo estudiaba, o los chicos empezaron a trabajar, las computadoras eran enormes, nadie tenía una en su casa. No era tan conocido y no se podía llamar a cualquier persona para que arreglara una computadora. Después llegó la PC y eso cambió.

 

-¿Las actividades se centraban en Paraná o había contactos también con otros departamentos?

-Eso fue en Paraná. Cuando era COPIER no viajábamos tanto al interior. Cuando podíamos nos conectábamos con gente de afuera, pero no teníamos ni lugar donde funcionar, mucho menos para viajar. Nos juntamos con otras asociaciones que estaban en la misma que nosotros, que eran Córdoba, Corrientes y Buenos Aires. Después, a partir de la ley, pasó a ser COPROCIER. En ese proyecto de ley trabajamos con un abogado, el Dr. Mario Arnau, que estaba muy al tanto en esto de colegios profesionales, porque había trabajado en el Círculo Médico, la Federación Médica, el Colegio de Agrimensores y otros. Íbamos con Alicia Cordiviola a su estudio para trabajar en el proyecto de la ley.

 

-Y después hubo que dar la discusión en la Legislatura.

-Hablamos con todos los diputados y senadores de ese momento. Al principio no fue fácil. Hubo muchas discusiones. Se planteaba la cuestión de los técnicos, si debían ser incorporados o no; el rol del colegio, que no puede ser exclusivamente un ente recaudador. Finalmente la ley salió con la idea de nuclear a los graduados universitarios.

 

-¿Una vez creado el COPROCIER cambió el modo de funcionar, las aspiraciones de la entidad?

-Cuando ya fuimos COPROCIER todavía seguimos funcionando en mi casa… Después vino el momento de empezar a ir al interior, porque queríamos extender el Colegio. Hubo, por supuesto, algunos encontronazos, pero así fue el proceso. Para salir al interior también pagábamos los viajes entre todos los que íbamos. Fue un trabajo de hormigas, de compromiso de cada uno de los que estábamos en el Colegio, porque nadie dijo nunca "no, hoy es sábado" ni priorizó otras cosas. Y así lo hicimos, entre todos.

 

-¿Cómo ves actualmente al sector de la informática y sus profesionales?

-A mí me parece que hay demasiada gente que trabaja en informática y que no es profesional. Y con todo este auge de los sitios web, las páginas web, las nuevas tecnologías… hay una parte muy vidriosa respecto de lo que corresponde a cada uno y lo que corresponde a un profesional. Es, tal vez, una deuda de la formación profesional en las carreras. Y lo digo habiendo sido docente y Secretaria Académica en la Facultad. Tenemos que formar también para que el verdadero profesional entienda cuál es su lugar en la sociedad como profesional. A veces hasta cuesta entender que hay que matricularse, algo que no pasa en otras profesiones, donde se sabe que para ejercer hay que estar matriculado y que eso está bien porque el Colegio te va a defender y va a ser un parámetro para tu vida profesional. Eso no estaba en la cabeza de nuestros profesionales hasta hace muy poco tiempo y ahí está la cuestión. El mismo profesional tiene saber cómo ubicarse frente a la sociedad y abrirse camino; eso es defender la profesión. El Estado y las instituciones también deben hacerlo, tener a profesionales matriculados ocupando esos puestos. Ahora el COPROCIER se está ocupando de esto con un seguimiento mayor.

 

-¿Ahora, ya jubilada, cómo es tu participación en el Colegio?

-Yo estuve desvinculada un tiempo del Colegio. Cuando uno ya ha ocupado muchos lugares y durante tanto tiempo, tiene que dejar espacio a otros. Estuve desde el año 1986 con esto y ya después había gente nueva, profesionales jóvenes como para seguir adelante. Ahora puedo colaborar, no ya en ningún cargo, sino aportando en lo que uno sabe. Puedo decir que desde aquellos años si hubo cosas que se hicieron mal, si se cometieron errores, nunca hubo mala fe. Todos le pusimos mucho compromiso y buena voluntad. 


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